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La política exterior de Chile, fijada por la
Presidenta de la República, nace de la combinación entre los
principios de nuestro actuar internacional y los intereses de
Chile en el mundo. Estos elementos dan forma a políticas,
lineamientos y acciones concretas, cuya implementación recae en
el Ministerio de Relaciones Exteriores.
El ordenamiento de las prioridades en materia
de política exterior se basa en apreciaciones sobre el entorno
internacional y sus posibles desarrollos, y se fundamenta en los
estudios y análisis existentes. Con el fin de facilitar la
coherencia que deben tener las decisiones de política exterior,
resulta conveniente contar con una guía que permita trazar
líneas de acción y fijar objetivos específicos que reflejen las
prioridades de Chile en el mediano plazo. A continuación, se
identifican los elementos que el Ministerio de Relaciones
Exteriores considera fundamentales dentro del diseño de su
política exterior, y que reflejan las prioridades de acción para
los próximos años.
1. Chile y el mundo
Países vecinos
Nuestra prioridad en materia de política
exterior está constituida por el fortalecimiento de la relación
con los países vecinos y con la región, pues es a partir de esta
zona que queremos proyectar nuestra identidad y enfrentar en
conjunto los temas de la agenda internacional. Comprendemos que el
desarrollo nacional está vinculado a la mantención de las
mejores relaciones políticas, el intercambio comercial y la
cooperación con nuestros vecinos. Para ello, en la próxima
década mantendremos un permanente diálogo, amplio y profundo,
sensible a las áreas más relevantes de la relación y que se
extienda a los más diversos ámbitos, incluyendo sectores tales
como la energía, el comercio, la defensa, la educación, la
cultura y las migraciones. Dentro de este contexto, la
integración física, a través de la construcción de ejes de
transporte, así como las comunicaciones, serán piezas
fundamentales del proyecto de integración con nuestros vecinos.
Los esfuerzos de Chile dentro de los próximos años estarán
dirigidos a potenciar la comunidad de objetivos con ellos, así
como los valores que compartimos, entre los que destacan: la
promoción y defensa de la democracia y los derechos humanos, el
crecimiento económico con equidad, la igualdad de oportunidades,
la paz y seguridad, y el desarrollo social y cultural de nuestros
pueblos.
Con Argentina
compartimos una de las más extensas fronteras del mundo, de más
de 5. 500 kilómetros, lo que continuará determinando la
profundidad, riqueza y complejidad de nuestra relación bilateral.
En la próxima década haremos esfuerzos para intensificar las
más de 30 instancias de diálogo y coordinación bilateral
existentes, entre las que destacan los comités de integración
fronteriza y el grupo técnico mixto de infraestructura. Creemos
que es necesario continuar dando importantes señales de confianza
en nuestra región, como lo es la creación de la Fuerza de Paz
Binacional Combinada Cruz del Sur. La intensidad de la relación
seguirá encontrando una de sus más palpables expresiones en la
creciente presencia económica y en el dinamismo de las relaciones
políticas, económicas, comerciales y culturales.
Con Bolivia hemos
concordado que dentro de los próximos años nuestras relaciones
se enmarquen en un diálogo amplio y sin exclusiones. Ello
significa continuar con un proceso activo de generación de
confianza mutua, de ampliación de los ámbitos de cooperación
económica y social, de libre tránsito y de integración física,
entre otros temas (Agenda de los 13 Puntos). El diálogo
presidencial y el de Cancilleres continuarán siendo instrumentos
eficaces para este proceso. Además, diversas instancias
contribuirán activamente al trabajo político y técnico que
ambos países desarrollan, tales como el Mecanismo de Consultas
Políticas Bilaterales a nivel de Vicecancilleres, el Grupo de
Trabajo sobre Asuntos Bilaterales, el Comité de Frontera y el
Grupo sobre Libre Tránsito, entre otros. La agenda cultural
bilateral seguirá siendo, asimismo, enriquecida con nuestra
participación en diversas instancias de integración para los
pueblos de ambas naciones. Creemos que la profundización del
proceso de desarrollo de confianzas mutuas y la mantención de un
diálogo amplio y sin exclusiones son las bases sobre las que se
alcanzarán mayores grados de complementariedad.
El 16 de enero del año 2008, el Gobierno del
Perú presentó una demanda contra el Estado de Chile ante la
Corte Internacional de Justicia de La Haya. Esta demanda pretende
desconocer la frontera marítima común entre ambos países, no
existiendo méritos ni fundamentos para plantear una controversia
en torno al tema, ya que los límites con Perú fueron fijados
hace más de medio siglo, mediante Tratados Internacionales
plenamente vigentes y respetados integralmente. El Gobierno de
Chile ha respondido con la necesaria firmeza y sobriedad, ya que
los antecedentes que invoca son sólidos y objetivamente
respaldados. Esta situación ha sido enfrentada con una posición
que goza del respaldo de una política de Estado. Por otra parte,
Chile y Perú pueden mostrar raíces histórico-culturales
comunes, una cercanía geográfica, la dimensión oceánica,
vocación democrática y el compartir el propósito de dar una
mejor calidad de vida a sus pueblos como las guías que encauzan
la relación chileno-peruana.
Es evidente que ambos países tienen una
extensa agenda bilateral, la cual abarca aspectos políticos,
económico-comerciales, empresariales, culturales y sociales de
directo impacto en los ciudadanos de ambos países. El Gobierno de
Chile considera que todos estos ámbitos deben continuar avanzando
en una relación inteligente, y que el rumbo de la integración es
el único que conduce a un horizonte compartido.
S.E. la Presidenta de la República ha llevado
a cabo una serie de acciones en la dirección señalada
anteriormente y que constituyen una muestra de la voluntad
política que siempre ha animado a su Gobierno, en el sentido de
perseverar en una profundización de la relación chileno-peruana
y la promoción de un mayor acercamiento entre ambos
pueblos.
América Latina
América Latina continuará siendo el área
prioritaria de atención política, a partir de la cual se
profundizarán cada vez más los lazos en otros ámbitos, tales
como los económicos, comerciales, sociales y culturales. Creemos
que nuestra pertenencia a América Latina debe imprimir el sello
de nuestra política exterior, otorgándole un contexto
geográfico que la determine como nación. El reconocimiento de
esta realidad es lo que sustenta nuestro proyecto de inserción
internacional, el cual adquiere importancia estratégica al
observar que nuestra región cuenta con un potencial único para
estrechar y multiplicar los lazos económico - comerciales,
fortalecer nuestros vínculos políticos e impulsar nuestro
desarrollo cultural. Ello se materializará a través de programas
de cooperación regional, la participación en reuniones
bilaterales de coordinación política, económica y cultural,
iniciativas de integración en áreas tales como infraestructura,
energía, transporte y circulación de personas, y la
participación en las instancias de coordinación política en el
continente.
Nuestra política exterior parte de la base de
que para crecer económicamente, erradicar la pobreza y lograr
mayor justicia social y equidad, se requieren mercados abiertos,
integrados y confiables, así como una región estable
caracterizada por la certidumbre jurídica y política,
comprometida con el bienestar de sus ciudadanos. Ello nos motiva a
trabajar en la próxima década en los ámbitos vecinal,
paravecinal y en instancias de integración regionales, en un
marco de respeto y aceptación de las naturales diferencias
existentes. Creemos que la mantención de las mejores relaciones
bilaterales con los países de la región, así como los esfuerzos
de integración, son el camino adecuado para el desarrollo
conjunto de nuestros pueblos y para alcanzar un futuro de
prosperidad compartida.
En la práctica, nos proponemos contribuir
durante los próximos años a los procesos de integración
existentes, tales como la Comunidad Andina (CAN), el Mercado
Común del Sur (MERCOSUR), el Grupo de Río y la
Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR). Mediante
nuestros esfuerzos de integración con América Latina, aspiramos
a contribuir a una profundización del proceso democrático de los
países de la región y de robustecimiento de la institucionalidad
política, aportando al desarrollo regional.
América del Norte
Partimos de la base de que Estados Unidos
continuará jugando el rol de principal potencia económica y
militar en el mundo dentro de la próxima década. Tal condición
hace de dicho país un actor fundamental en la política mundial,
de especial relevancia para nuestra política exterior. Esperamos
que la diversidad y amplitud de los vínculos, así como las
muchas coincidencias existentes entre ambos países, lleve la
relación a un gran nivel de confianza y cooperación, tanto en
asuntos bilaterales como globales. La profundización de estos
vínculos continuará sustentándose en la consonancia de valores
y la existencia de objetivos compartidos.
Seguiremos buscando áreas de convergencia en
los temas de la agenda internacional tales como los derechos
humanos, la democracia, la seguridad, la gobernabilidad y la
apertura comercial. La evolución política, económica y social
de Chile ha sido destacada en los círculos políticos y
académicos independientes estadounidenses como exitosa, no sólo
en América Latina, sino que también entre los países en
desarrollo. Como consecuencia de ello, nuestro país continuará
siendo percibido como una nación estable, así como un socio
confiable en la región. En los últimos años hemos observado el
continuo fortalecimiento de los vínculos recíprocos con un nivel
de madurez que se expresa tanto en la estabilidad y solidez de las
relaciones, como en sus componentes cualitativos. Lo anterior da
pie –y a la vez plantea un desafío– para seguir trabajando en
la revitalización de la agenda bilateral sobre la base de
profundización de nuestra relación de acuerdo con la nueva
realidad de ambos países. En esta estrategia agregaremos valor a
la vinculación mediante la inclusión de nuevos temas y un
análisis innovador de los escenarios que enfrentemos en el
futuro. En los próximos años, nuestro principal objetivo de
política exterior con respecto a Estados Unidos será la
profundización de las relaciones bilaterales mediante políticas
y acciones que tengan como eje referencial nuestro compromiso con
América Latina.
Europa
Existe una estrecha coincidencia de principios,
valores y visiones entre Chile y la Unión
Europea, sin olvidar la afinidad cultural y política que
tenemos con los países miembros de esa asociación. Los grandes
objetivos estratégicos de la política exterior de Chile hacia
Europa para la próxima década serán continuar fortaleciendo el
diálogo político a nivel bilateral, así como consolidar
nuestros vínculos sobre la base de la profundización de los
intercambios económicos, comerciales y la cooperación en sus
distintas formas.
La Unión Europea se ha transformado
gradualmente en un referente importante a nivel internacional en
materia de integración regional, especialmente tras la reunión
en Lisboa en octubre de 2007, en donde adquirió personalidad
jurídica, lo que suprime en gran medida la unanimidad como
mecanismo de toma de decisiones y les otorga mayor poder
vinculante. Durante los próximos años, la Unión Europea se
abocará a incrementar sus niveles de competitividad e
innovación, lo que le permitirá seguir mejorando su posición
como actor relevante a nivel mundial.
Considerando la afinidad de principios y
valores compartidos entre Chile y la Unión Europea, haremos
esfuerzos para fortalecer el diálogo político con esa región,
con el objetivo de realizar acciones conjuntas, tanto en América
Latina como en el Caribe, en ámbitos tales como la promoción de
la cohesión social, el fortalecimiento de las instituciones
democráticas y la estabilidad económica en la región. En el
ámbito económico-comercial, emprenderemos acciones orientadas a
buscar una mayor apertura comercial, que permita maximizar la
potencialidad que la relación con la Unión Europea tiene para
nosotros.
Asia-Pacífico
Teniendo en consideración su dinamismo
económico, peso demográfico y potencial de su intercambio
comercial, el Asia – Pacífico seguirá adquiriendo importancia
en el sistema internacional. La red de acuerdos que hemos
construido con los diferentes países de esa región desde 1990,
que concentra prácticamente dos tercios de la población del
mundo, casi la mitad del producto de todo el planeta y el 36% de
las exportaciones chilenas, ofrece enormes oportunidades para la
próxima década. En este contexto, redoblaremos los esfuerzos
para que no sólo Chile se beneficie de esta relación, sino que
el comercio pueda hacerse extensivo a todos los países de
América Latina. Buscaremos concertar con los países de nuestra
región iniciativas y esfuerzos para establecer líneas de acción
comunes, orientadas a abordar las oportunidades que ofrece nuestra
privilegiada posición en el Pacífico.
Chile participa en la cuenca del Pacífico a
través de diversos foros, tales como el Foro de Cooperación
Económica Asia-Pacífico (APEC), el Consejo Económico de la
Cuenca del Pacífico (PBEC), el Consejo Empresarial ABAC (consejo
asesor de APEC) y el Foro de Cooperación América Latina – Asia
del Este (FOCALAE). Chile es parte de APEC desde el año 1994 y
fue sede de la Reunión de Líderes en el año 2004. Continuaremos
desempeñando en este foro un activo rol para apoyar el
crecimiento y desarrollo de esta región, para contribuir a una
mayor liberalización de la economía mundial, para reforzar los
efectos positivos resultantes de la creciente interdependencia
económica, y para reducir las barreras al comercio de bienes,
servicios e inversiones. Inicialmente ideado para la simple
promoción y cooperación en el Asia – Pacífico, se espera que
en los próximos años este foro irá fortaleciendo su acción en
áreas complementarias, tales como la lucha contra el terrorismo,
el combate a la corrupción e iniciativas para enfrentar nuevas
amenazas que podrían afectar las economías de sus miembros. La
arquitectura política de Asia continuará desenvolviéndose de
manera dinámica alrededor del proceso de integración denominado
ASEAN+3, compuesta por los diez países miembros de la Asociación
de Naciones del Sudeste Asiático y las tres potencias de Asia
Nororiental: Japón, China y Corea.
Si bien aún es demasiado pronto como para
vislumbrar los alcances de dicho proceso de integración, es
razonable asumir que la región continuará creciendo
económicamente y que sus países percibirán los beneficios de
una mayor concertación política y económica. En este sentido,
continuaremos profundizando los procesos de inserción política,
comercial y cultural que iniciamos hace ya varios años, sobre la
base de nuestra ventajosa posición geográfica, ribereña del
Pacífico.
Medio Oriente y África
Medio Oriente: Existe una larga y estrecha
relación entre Chile y el Medio Oriente, cuyas culturas,
principalmente la palestina, la siria, la libanesa y la judía,
continuarán siendo un invaluable aporte al desarrollo nacional.
Desde el punto de vista económico, el Medio Oriente tendrá para
Chile una creciente importancia estratégica, no sólo por las
cuantiosas reservas de hidrocarburos que posee, sino también por
contar con el potencial para convertirse en un relevante destino
de nuestros capitales. Esta importancia continuará
manifestándose a través de la activa participación de nuestro
país en instancias de coordinación, tales como el mecanismo de
seguimiento de la Cumbre de Países Sudamericanos y Países
Árabes (ASPA).
África: Continuará siendo el principal
receptor de los Objetivos del Milenio de Naciones Unidas, así
como de cooperación. Se espera que este continente siga
experimentando transformaciones significativas en los planos
político, económico y social. La vinculación con esta área,
rica en recursos naturales y fuentes energéticas, y que está
creciendo a tasas cercanas al 5% anual, constituye una importante
tarea de nuestra política exterior. En el marco de nuestra activa
política de estrechamiento de vínculos institucionales con
diversos países de África, participaremos de manera dinámica en
el mecanismo de seguimiento de la Cumbre de Sudamérica y África
y en la Unión Africana, organismo al que Chile fue recientemente
aceptado como observador. Asimismo, continuaremos haciendo
esfuerzos que se enmarquen dentro del cumplimiento de los
Objetivos del Milenio, tales como el aporte anual al fondo UNITAID,
organización que dirige sus esfuerzos a la adquisición de
medicamentos para combatir las principales pandemias a nivel
global en los países en vías de desarrollo.
2. Chile y la agenda
global
La progresiva globalización del mundo en el
que nos desenvolvemos como nación trae consigo nuevos desafíos y
oportunidades. Para aprovechar sus ventajas, nos resulta de suma
importancia que la globalización sea capaz de promover los bienes
públicos universales, a través de los cuales lograr legitimidad
y gobernabilidad. Para ello, Chile busca promover reglas claras,
inclusivas y transparentes, privilegiando el derecho y el
multilateralismo por sobre la fuerza y las respuestas
unilaterales. La globalización ofrece grandes oportunidades que
es preciso aprovechar, entre ellas la discusión nacional e
internacional en materias tales como el género, los derechos de
los pueblos indígenas, la protección del medio ambiente, el
manejo de los recursos naturales, los derechos humanos, el trabajo
decente, la transferencia tecnológica, la seguridad alimentaria,
la lucha contra el terrorismo, el desarme, la seguridad humana, la
promoción de los valores democráticos, la reducción de la
pobreza, los derechos de los consumidores, son materias hoy
presentes en toda la discusión nacional e internacional.
Cooperación para la
seguridad global
En un mundo globalizado la seguridad mundial
es, más que nunca, una tarea colectiva. Estamos conscientes de la
existencia de amenazas que traspasan las fronteras nacionales y
que para enfrentarlas con éxito en los próximos años, deberemos
buscar una estrecha cooperación entre las naciones. Continuaremos
condenando el terrorismo en todas sus formas, por ser una grave
amenaza a la paz y la seguridad internacionales. Por ello,
apoyaremos vigorosamente todas aquellas acciones que apunten a su
erradicación, fortaleciendo las medidas, mecanismos y órganos de
cooperación multilateral que existen en el marco del sistema
internacional, de conformidad con los principios de Naciones
Unidas (ONU) y de la Organización de los Estados Americanos
(OEA). En nuestro compromiso contra el crimen transnacional
organizado, reconocemos que sólo un esfuerzo concertado en el
mediano plazo puede hacer frente en forma efectiva a las
actividades ilícitas, tales como la trata de personas, el
tráfico ilegal de migrantes y el problema mundial de la droga,
que continuarán perjudicando no sólo a nuestras economías, sino
también la institucionalidad existente, atentando contra los
derechos fundamentales de las personas. Como miembros de la
Convención de Naciones Unidas contra la Delincuencia
Transnacional Organizada, continuaremos promoviendo su efectiva
implementación. A nivel hemisférico, Chile continuará
participando en los esfuerzos que se realizan en el marco del Plan
de Acción contra la Delincuencia Organizada Transnacional de la
OEA. De manera similar, la proliferación de armas nucleares
representa una amenaza latente para la paz y la seguridad
internacionales. Por consiguiente, la política exterior de Chile
seguirá contribuyendo al diálogo permanente y al arribo de
acuerdos globales orientados al desarme y a la no proliferación
de esas armas. Reconocemos que el resguardo de la paz y la
seguridad internacionales presenta importantes desafíos. En este
contexto, seguiremos por la vía de la cooperación y el
entendimiento en las instancias multilaterales y regionales para
garantizar a nuestros pueblos la seguridad que debemos otorgarles
como Estado
Recursos naturales,
energía y desarrollo sustentable
En la próxima década continuará creciendo la
demanda de recursos naturales. Los países desarrollados, que ya
han alcanzado elevados niveles de eficiencia en su consumo,
mantendrán e incluso incrementarán aun más su demanda por
energía, agua, bosques y tierra. Por otra parte, las grandes
naciones en vías de desarrollo, como China e India, continuarán
incrementando fuertemente su consumo energético en la medida que
sus economías sigan creciendo. Se estima que las reservas
convencionales de petróleo, manteniendo el nivel de inversión
actual, se agotarán en cuarenta años y que para recurrir a
nuevas fuentes será necesario incurrir en importantes
inversiones. La construcción de nuevos oleoductos y gasoductos
dentro de la próxima década presentará, asimismo, desafíos
políticos, ambientales y tecnológicos. Con el alto precio del
crudo, nuevos productores, tales como países de América Latina,
Asia Central y África Occidental, además de Rusia, comenzarán a
ser competitivos, con lo cual se alterará de manera drástica la
actual cadena de suministros y equilibrios de poder. Todo esto
lleva a que los países dependientes de las importaciones, como el
nuestro, sean especialmente vulnerables, y que las tensiones entre
los Estados para conseguir recursos se perciban como una
probabilidad cierta. Para reducir los futuros conflictos, es
prioritario asegurar a la brevedad un nivel de oferta altamente
diversificado, con posibilidad de canales logísticos
alternativos. Dentro de este mismo esfuerzo, junto con
diversificar nuestras fuentes de energía y fortalecer nuestra
relación con los productores, apoyaremos la creación y
mantención de mercados de energía internacionales eficientes,
así como de regímenes jurídicos bien establecidos y que brinden
certidumbre jurídica en materia de comercio y contratos. En
cuanto a la estrategia a implementar para avanzar hacia un
desarrollo sustentable, apoyaremos los esfuerzos para introducir
energías limpias y renovables, así como la promoción de la
eficiencia en el uso de combustibles. En este sentido,
continuaremos promoviendo el comercio de emisiones como un
importante mecanismo para limitar las emisiones de carbono. Por
último, cabe destacar que en la medida que la tendencia en el
largo plazo avance hacia la utilización de energías renovables y
se privilegie el concepto de eficiencia energética, la eventual
utilización de la energía nuclear es una alternativa que puede
llegar a cobrar vigencia.
Cambio climático
El calentamiento global derivado de la
creciente acumulación de gases de efecto invernadero en la
atmósfera seguirá teniendo consecuencias en el clima. Dentro de
los próximos años, estos efectos serán especialmente lesivos en
ciertas áreas del planeta. Ello no sólo por el aumento del nivel
de los océanos a causa de su expansión termal y el derretimiento
de los hielos polares, sino por impactos colaterales asociados,
tales como inundaciones, sequías, fuertes precipitaciones,
tormentas y extensión del alcance geográfico de algunas
enfermedades tropicales. Por sus consecuencias perniciosas en la
agricultura y el comercio internacional, se estima que el cambio
climático se constituirá en una importante barrera al desarrollo
y un factor de inestabilidad en materia de desastres naturales,
migraciones y conflictos. Si bien existe consenso internacional
sobre la necesidad de hacer frente al calentamiento global,
conviven visiones divergentes sobre cómo lograrlo. El debate se
centra en el alcance de las obligaciones que deben asumir los
Estados, fundamentalmente en torno a la reducción de las
emisiones de gases de efecto invernadero, así como en el rol de
las nuevas tecnologías y la adaptación a aquellos cambios
inevitables. Este será uno de los temas más importantes de la
agenda internacional para la próxima década. Los países en
desarrollo nos veremos enfrentados a obstáculos adicionales para
mitigar las causas y adaptarnos a los inevitables efectos del
cambio climático, los cuales se derivan de la falta de
tecnología, financiamiento y, en algunos casos, marcos políticos
e infraestructura que posibiliten la adopción e implementación
de las necesarias políticas públicas. La Convención Marco de
Naciones Unidas sobre Cambio Climático y el Protocolo de Kyoto,
el cual acuerda reducir las emisiones de gases que producen el
calentamiento global, proporcionan el contexto procesal y
conceptual dentro del cual debe abordarse este problema. Conforme
al principio de “responsabilidades comunes pero diferenciadas y
respectivas capacidades”, corresponde que los países
industrializados redoblen sus esfuerzos para mitigar las emisiones
de gases de efecto invernadero, así como que contribuyan
sustantivamente a la provisión de tecnología y financiamiento
para ayudar a las naciones en vías de desarrollo a enfrentar este
fenómeno. Éstas, por su parte, podrían contribuir en la medida
de sus capacidades a reducir aquellas emisiones, en tanto y cuanto
ello no limite su crecimiento económico.
Cohesión social, pobreza
y gobernabilidad
La historia de América Latina ha estado
marcada por sociedades que han reproducido patrones de inequidad y
exclusión social. Se estima que la pobreza y la ingobernabilidad
continuarán afligiendo a los países con menor desarrollo durante
los próximos años. Durante las últimas décadas Chile ha
logrado importantes avances en torno al tema de la superación de
la pobreza. No obstante, todavía existe cerca de un 13% de
connacionales que están en esa condición y que, además de las
carencias materiales, se encuentran expuestos a la marginalidad y
a la exclusión. Ante la realidad de encontrarnos en la región
más desigual del planeta, hemos propuesto que el tema de la
cohesión social constituya, dentro de la próxima década, un
nuevo pilar del proceso de cooperación e integración regional,
orientándose a alcanzar sociedades más inclusivas. En este
sentido, participamos activamente en la Alianza Mundial para el
Desarrollo, en el marco de la acción internacional para alcanzar
los Objetivos de Desarrollo del Milenio, decididos en la Cumbre de
las Naciones Unidas en el año 2000, y del que continuaremos
siendo actores constructivos, en el logro de los consensos
necesarios para impulsar la apertura del comercio, las
inversiones, y la cooperación económica y técnica para los
países en desarrollo. También se harán esfuerzos para
establecer convenios de cooperación con los países más
desarrollados en materia de promoción de la equidad y generación
de oportunidades, así como favorecer todos aquellos ámbitos que,
de manera directa e indirecta, incidan positivamente en nuestro
desarrollo económico y el de nuestra región.
Comercio internacional e
inversiones
A partir de la década de los 70, Chile dio
inicio a un proceso de apertura de su economía, el cual
inicialmente tuvo un carácter unilateral y posteriormente fue
acompañado, durante los 90, por una activa política de
negociación de acuerdos comerciales, en el marco de lo que hemos
denominado “regionalismo abierto”. Las exportaciones, que hace
diecisiete años eran de US$ 8,4 mil millones, hoy son de US$ 65,7
mil millones, proyectándose un sólido crecimiento para los
próximos años. Ello se debe en gran parte gracias a nuestra
actual red de acuerdos comerciales, la cual continuaremos
ampliando dentro de los próximos años para incluir la apertura
en los ámbitos de servicios, inversiones y compras
gubernamentales, perfeccionamiento de las disciplinas del comercio
de bienes, y establecimiento de sistemas más eficientes para la
solución de controversias. Hemos tomado la decisión de avanzar
en la ampliación y profundización de nuestras relaciones
económicas y comerciales con las regiones más dinámicas de la
economía mundial. Dentro de los próximos años haremos esfuerzos
para lograr acuerdos comerciales con países tales como Malasia,
Australia, Vietnam y Turquía. El sistema multilateral del
comercio seguirá siendo de especial relevancia para nuestro
país, principalmente debido a nuestra ubicación geográfica y a
la particular estructura de nuestra economía. Como miembros
fundadores del Acuerdo General sobre Comercio y Aranceles (GATT) y
de la Organización Mundial de Comercio (OMC), estamos
profundamente comprometidos con el avance en las negociaciones por
el éxito de la Ronda de Doha. Nuestra acción en la OMC, en
conjunto con otros países del Grupo de los 20, tenderá a seguir
reforzando nuestro compromiso con un comercio internacional basado
en la igualdad de todos los países, no discriminatorio y
sostenido sobre la base de la certeza jurídica que otorga esta
organización. Continuaremos insistiendo en la importancia de
lograr un sistema de reglas y disciplinas claras y obligatorias,
aplicables a todos sus miembros, que otorgue estabilidad y
predictibilidad al comercio, que limite la discrecionalidad en el
ejercicio de las políticas comerciales y que proteja
especialmente a los países más pequeños contra las acciones
unilaterales que puedan adoptar otros miembros. En los próximos
años, haremos especial énfasis en que los países
industrializados abran sus economías, especialmente en el sector
agropecuario.
Migraciones
En un contexto globalizado, de creciente
interdependencia entre naciones y de mayor flujo de intercambios
ya no sólo de bienes, servicios y capitales, sino también de
personas, el fenómeno migratorio ocupará un lugar cada vez más
destacado en la agenda de los países desarrollados y en vías de
desarrollo, centrándose en cómo absorber las ventajas y contener
sus problemas. Chile enfrentará, cada vez con mayor intensidad,
lo que se denomina una “nueva inmigración”, procedente
especialmente de América del Sur. Sus principales
características son su espontaneidad y su finalidad eminentemente
laboral. El tipo de inmigrante destaca por ser principalmente
femenino, de tipo urbano, y que se incorpora a labores
relacionadas con la mano de obra en el área de la construcción,
la industria y los servicios domésticos. Uno de los importantes
desafíos de Chile dentro de la próxima década consistirá en
definir y concretar una política de inmigración. La importancia
e impacto de este fenómeno nos llevará a delinear una política
que comprenda ámbitos más amplios que los relacionados
estrictamente con el ingreso al país. Entre las acciones que se
deberán considerar, destaca el fortalecimiento del trabajo de la
Comisión para elaborar la Política de Migración del Estado
Chileno con funcionarios técnicos de los ministerios de Interior,
Defensa, Educación, Trabajo y Relaciones Exteriores. Teniendo
especial cuidado en promover la adecuada integración y respeto de
los derechos humanos y laborales de los trabajadores migrantes y
sus familias, Chile abordará este fenómeno a partir de tres
áreas fundamentales:
-
Definición de cómo enfrentar los
próximos flujos migratorios, clarificando qué tipo de
apertura y tolerancia fronteriza es la más adecuada para los
próximos años.
-
Especificación de la manera en que el
país manejará sus políticas internas destinadas al trato de
inmigrantes indocumentados que ingresan y se establecen en
Chile.
-
Desarrollo de instrumentos de integración
lingüística, educativa y cultural, tanto para extranjeros
como para chilenos, de modo de vencer la discriminación
asociada a los inmigrantes.
Estos elementos serán abordados teniendo en
particular consideración la prioridad y énfasis que nuestra
política exterior otorga a la región latinoamericana, en
especial a los tres países vecinos
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